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Beneficios que la lactancia aporta a madre e hijo

Escrito por el Julio 31, 2017 en Días Mundiales, Por tu salud | 0 comentarios

La lactancia, método natural de alimentación de un recién nacido, es sin duda alguna la mejor forma de alimentar a un bebé.

Explica el Dr. Martínez Pérez, pediatra en MIP Salud, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF recomiendan que se alimente al recién nacido exclusivamente a pecho durante los primeros 6 meses, prolongando la lactancia complementada con otros alimentos hasta los dos años de edad.

Conoce todo lo que hay que saber de la lactancia materna de la mano del especialista.

Lactancia materna

La lactancia materna es la leche propia de especie; dentro del reino animal, y como mamíferos que somos, tomamos leche como alimento fundamental en nuestra alimentación durante el periodo de lactancia, que en el ser humano se considera que abarca hasta los dos primeros años.

 

Beneficios de la leche materna

La leche materna está constituida por una serie de sustancias, componentes inmunitarios (como Inmunoglobulina A o lactoferrina), ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, hormonas y factores de crecimiento; oligosacáridos e incluso bacterias beneficiosas.

Los beneficios que produce la leche materna no son el resultado de la acción individual de cada uno de sus integrantes, sino que todos ellos actúan en conjunto, como en una orquesta, para dar lugar a sus beneficios.

En aquellos casos en los que no es posible dar el pecho, la industria ha desarrollado (a partir de otras leches animales, fundamentalmente vaca) una adaptación de su leche para que pueda ser usada en el ser humano desde el nacimiento. Estas leches, desarrolladas a partir del patrón de leche humana, son una alternativa válida para lactar a nuestros bebés, avanzando durante los últimos años, para que dichos preparados se parezcan más en su composición a la leche materna.

 

¿Cuánto tiempo se recomienda la lactancia materna? ¿Hay alguna edad en la que se recomienda dejar de hacerlo?

La lactancia materna debe mantenerse todo el tiempo que sea posible y la madre quiera, no existiendo un tiempo determinado como mínimo ni como máximo. Somos lactantes teóricamente durante los dos primeros años, si bien es cierto que a partir de los 6 meses la leche por sí sola no es capaz de mantener los aportes nutritivos necesarios para asegurar un crecimiento y desarrollo óptimos, por lo que es necesario diversificar la alimentación e introducir lo que llamamos la alimentación complementaria, que consiste en añadir progresivamente y en función de la capacidad que se va desarrollando en nuestro tubo digestivo para asimilar los alimentos, todos y cada uno de ellos.

Tal y como he comentado, durante los dos primeros años somos lactantes, por lo que la leche es un alimento fundamental; sin embargo, pasados esos dos años no tenemos porqué dejar de tomar leche ni sus derivados, pues el ser humano ha desarrollado una adaptación (inducción encimática) por la que es capaz de seguir tolerando la leche el resto de la vida, ya que sigue secretando lactasa intestinal. Así pues, no hay un límite para dejar de tomar leche, solo si hubiera una intolerancia (que no es lo habitual).

Madre e hijo

 

¿Cómo y cuándo deben empezar a complementarse alimentos con la lactancia?

El consenso actual recomienda introducir alimentos complementarios adecuados a los 6 meses de edad, ya que la diversificación alimentaria antes de los 4 meses se asocia a la obesidad.

Por un lado, la OMS recomienda iniciar la alimentación complementaria a los 6 meses, y por el otro, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) indica que es seguro introducir alimentos sólidos triturados entre los 4 y los 6 meses. Por tanto, la recomendación actual es no antes de los 4 meses y preferiblemente a los 6 meses.

El porqué, se debe a que la lactancia por sí sola no es suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales del niño en desarrollo. Es importante, por tanto, introducir esos alimentos sólidos, triturados, con sabores y texturas nuevos, para desarrollar hábitos alimentarios saludables.

En este sentido, hay que decir que la medida en la que gustan (o disgustan) los sabores se debe a factores innatos, pero también intervienen factores ambientales, así como la experiencia del aprendizaje.

Se sabe que hay sabores de la dieta materna que pasan al feto a través del líquido amniótico. Por ejemplo, el sabor de la leche humana varía en función de la dieta que toma la madre, es decir, que los bebés lactantes, inconscientemente, están siendo expuestos a diversos sabores cada día, en función de la alimentación de la madre (así hay evidencia de que hijos de madres que comen zanahorias, ajo y fruta durante el embarazo o durante los primeros meses de lactancia aceptan mejor estos sabores cuando se les da directamente en su alimentación). Esto supone a la leche materna como el “puente gustativo” entre el útero y la introducción de alimentos sólidos, que puede ayudarnos a la introducción de dichos alimentos.

Por su parte, las frutas suelen tener mejor aceptación que las verduras debido al gusto innato de los seres humanos por los sabores dulces, y que la variedad y la repetición, son estrategias efectivas para incrementar el gusto por las verduras.

Los niños a los que se tarda más en introducir nuevas texturas suelen convertirse en “comedores melindrosos”, y es que unos hábitos alimentarios saludables establecidos en los primeros años, duran toda la vida…

 

¿Hay algunos alimentos/comportamientos que la madre debe evitar por qué podrían llegar al bebé a través de la leche?

Como acabo de decir anteriormente, sabores y factores nutricionales de la madre influirán de manera positiva o negativa en sus hijos, por tanto, es fundamental incidir en la alimentación materna para evitar desarrollar posibles problemas en sus hijos el día de mañana.

En la campaña del año pasado se trató el hecho de facilitar a las mujeres el amamantamiento en cualquier momento y lugar, ¿se ha mejorado en algún aspecto? ¿Qué tabúes siguen habiendo?

La lactancia materna tiene importantes beneficios para la madre y el bebé. Reducir el riesgo de un cáncer de mama y ovarios, la posibilidad de desarrollar una diabetes tipo 2 o una enfermedad cardiovascular, están entre los beneficios para la madre. A la vez, desempeña un papel esencial en la movilización de las reservas de grasas acumuladas durante el embarazo, por lo que va a ayudar a la madre a recuperar el peso que tenía antes de quedarse embarazada. La lactancia restablece el metabolismo materno, reduciendo el riesgo de padecer una enfermedad metabólica. Si una mujer no da el pecho, los cambios metabólicos negativos persisten durante más tiempo, incrementándose el riesgo materno de padecer una enfermedad metabólica.

De cara al bebé, la lactancia materna protege a corto plazo frente a infecciones gastrointestinales, respiratorias y alergias, y a largo plazo se asocia con una reducción de la incidencia de obesidad y diabetes, a la vez que a menores niveles de colesterol y presión arterial.

Por otro lado, la lactancia materna refuerza el vínculo madre-hijo, y ese estrecho contacto entre ambos estimula a la madre para producir anticuerpos y secretarlos en la leche materna, protegiendo a su hijo.

Si tomamos por referentes estos consejos, no creo que haya muchos argumentos -y mucho menos tabúes- que hagan que nuestras madres no amamanten a sus hijos. El principal problema viene con la sexualización del pecho, que hace que determinadas normas impidan enseñarlo. La diferencia clara es ir “desnudo” por la calle, enseñando el pecho, o sacarse el mismo para amamantar a su hijo; y repito, la diferencia, al menos bajo mi punto de vista, está más que clara.

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