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Día Mundial de la Salud Digestiva: ¿qué significa Salud Digestiva en el año 2016?

Escrito por el Mayo 26, 2016 en Días Mundiales | 0 comentarios

El próximo domingo 29 de mayo es el Día Mundial de la Salud Digestiva. El Dr. Mearin Manrique, especialista en Aparato Digestivo, director de este servicio en el Centro Médico Teknon y miembro de Top Doctorsnos habla sobre qué significa actualmente la salud digestiva. 

salud digestiva

La Salud y la Salud Digestiva

El concepto de Salud ha cambiado notablemente en las últimas décadas. Durante mucho tiempo se pensó que la salud era la ausencia de enfermedad, y que la no presencia de lesiones corporales implicaba un estado saludable. Sin embargo, afortunadamente, esta forma de pensar ha cambiado y actualmente en el concepto de SALUD se engloban otros aspectos importantes. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que “la salud es un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

En cuanto a la Salud Digestiva ha ocurrido algo semejante. Los pacientes ya no acuden al especialista en Aparato Digestivo sólo cuando vomitan de manera repetida, tienen sangre en las heces o se observan un bulto en el abdomen. También lo hacen cuando tienen malas digestiones, se hinchan en exceso o sus deposiciones no son normales. Además, con frecuencia, su visita al médico tiene como objetivo prevenir, y no sólo diagnosticar, posibles enfermedades digestivas. En resumen, los pacientes no sólo acuden al médico cuando están gravemente enfermos, si no que quieren tener una mejor salud digestiva, una mayor calidad de vida, y prevenir la aparición de enfermedades.

Bajo este epígrafe de Salud Digestiva hay algunos aspectos que merece la pena revisar brevemente tales como: la calidad de vida, el modelo biopsicosocial, el eje cerebro-intestinal, o la diferencia entre trastornos orgánicos y funcionales.

 

¿Qué se entiende por Calidad de Vida?

El término calidad de vida (CV) se utiliza actualmente de manera habitual. Su significado se comprende de manera intuitiva, y el deseo de mejorar la CV es consustancial al ser humano. Sin embargo, la aparición del concepto como tal, y la preocupación por la evaluación sistemática y científica del mismo, es relativamente reciente. Sólo hace 60 años desde que este término comenzó a popularizarse hasta convertirse hoy en un concepto utilizado en ámbitos muy diversos como son la salud, la educación, la economía, la política y el mundo de los servicios en general.

No existe una definición universalmente aceptada de calidad de vida, consecuencia del gran número de aspectos a valorar en la existencia humana (económicos, laborales, familiares, sexuales, expectativas, etc.). Según la OMS, la CV es “la percepción que un individuo tiene de su lugar en la existencia, en el contexto de la cultura y del sistema de valores en los que vive, y en relación con sus objetivos, sus expectativas, sus normas, y sus inquietudes. Se trata de un concepto muy amplio que está influido de modo complejo por la salud física, el estado psicológico, el nivel de independencia, las relaciones sociales, así como la relación con los elementos esenciales del entorno”.

 

¿Qué es el Modelo Biopsicosocial?

Bajo el modelo de pensamiento biopsicosocial subyace el intento de cambiar la concepción de que las enfermedades tienen una única etiología biológica para entenderlas de un modo más complejo e integrador. Con este enfoque, los síntomas digestivos pueden ser entendidos como fisiológicamente multifactoriales (inflamación de un órgano, alteraciones en los movimientos digestivos, aumento de la sensibilidad, etc.) y modificables por influencias socioculturales y psicosociales. Por tanto, la enfermedad tendría causas múltiples, y múltiples también serían sus efectos.

Para entender esta concepción biopsicosocial de los síntomas digestivos, en los que existe una interacción entre las variables biológicas, psicológicas y sociales, se ha adoptado la “teoría general de sistemas”. Según esta teoría, todos los niveles de un sistema están relacionados entre sí de forma jerárquica y los cambios a cualquier nivel afectan a todos los demás. Por tanto, la salud, la enfermedad, y la atención médica, se conciben como un conjunto de procesos interrelacionados. Una concepción así entraña ciertas implicaciones clínicas, como por ejemplo, que en el proceso diagnóstico debe considerarse el papel interactivo de los factores biológicos, psicológicos y sociales a la hora de evaluar la salud o enfermedad. Por otra parte, también en el tratamiento deben considerarse los tres tipos de variables mencionados, ajustando la terapia a las necesidades particulares, Por último cabría destacar la importancia de la relación paciente-médico, ya que, como sabemos, una buena relación puede mejorar el cumplimiento del tratamiento y su efectividad, así como acortar el tiempo necesario para obtener el efecto deseado.

 

¿Existe un Eje Cerebro-Intestinal?

La influencia de los factores emocionales en las molestias digestivas es innegable. Basta sólo decir que en el tubo digestivo hay casi tantas neuronas como en el cerebro por lo que ha merecido los nombres de “cerebro intestinal” o “segundo cerebro”. Además, el mayor conocimiento de la regulación nerviosa del aparato digestivo y de la percepción sintomática ha permitido entender mejor las interrelaciones entre los factores emocionales y las funciones digestivas. El tubo digestivo y el cerebro están estrechamente conectados e integrados, de una manera bidireccional, a través del sistema nervioso autónomo y del sistema hormonal que controla el estrés (eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal). Así, cuando se produce una alteración en esa “conversación entre el sistema nervioso y el aparato digestivo”, como ocurre en algunos pacientes con depresión o con trastornos de ansiedad, pueden aparecer síntomas gastrointestinales. Por otra parte, los niveles centrales y periféricos de corticotropina influyen en las funciones motoras y digestivas, principalmente a través del sistema nervioso autónomo simpático, haciendo de éste una importante vía de conexión entre los condicionamientos afectivos y las respuestas del tubo digestivo (y viceversa).

 

¿Qué son los trastornos funcionales digestivos y cuál es su diferencia con los orgánicos?

Durante muchos años los médicos y la sociedad hemos dividido a los pacientes en dos grupos diferenciados: “los que tienen algo” y “los que no tienen nada”. Hemos sido como el apóstol Tomás: necesitábamos ver para creer; meter la mano en la llaga o, al menos, ver la úlcera o el tumor en la endoscopia. Si no veíamos la lesión, entonces el paciente no tenía nada. Qué conclusión tan ingenua y, al mismo tiempo, tan prepotente. No es que el daño esté ausente: es que falla el método de observación. La mayoría de estrellas “no existieron” hasta que se inventó el telescopio, y la célula fue “un invento” del microscopio. La realidad es contundente y perseverante, pero se necesita cierta metodología para entenderla.

Los neurotransmisores, los fenómenos de hipersensibilidad visceral, la microinflamación y los mecanismos de intercomunicación entre el sistema nervioso y el digestivo no se ven a simple vista, pero no por eso dejan de existir. En el pasado, el médico se preocupó por descartar “lesiones graves”; con ello, el paciente se quedaba más tranquilo, pero igual de molesto. Sin riesgo a grandes equivocaciones, puede decirse que la historia de los trastornos funcionales digestivos (en los que no hay una causa aparente) se ha caracterizado por su insuficiente conocimiento fisiopatológico, por el escaso interés que ha mostrado la comunidad científica y por la incomprensión por parte de muchos profesionales sanitarios.

En el futuro es poco probable que se establezca diferencia alguna entre enfermedades orgánicas y no orgánicas, lesiones visibles y no visibles. Cierto es que el paciente con trastornos funcionales digestivos no muere de su trastorno, pero también lo es que le hace la vida muy difícil.

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